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Creación y Ensayo

Compatibilidad binaria

El mito al revés

Hace poco salto la noticia de que Windows 2000 (al menos la enésima beta, antes de la beta "refinitiva") era incompatible con el 40% del software para Windows actualmente en uso. Esto, unido a los serios problemas de estabilidad que ha demostrado, ponía un nuevo signo de interrogación sobre la inmediata distribución de una versión final. Todo ello me recordó una entrevista a un programador de software libre, publicada en los últimos meses, en el que comentaba que una de las grandes ventajas que tenían sobre los programadores de Redmond es que para ellos no existían esos 30 minutos por cada hora de trabajo que tenían que gastar los programadores de Windows debido a las pruebas y ajustes necesarios para que se asegurase la compatibilidad binaria con viejas aplicaciones.

Esta compatibilidad binaria es para muchos uno de los grandes éxitos de la informática personal del presente, ya que permite no tener que actualizar el software al instalar una versión nueva del S.O. Lamentablemente es esta compatibilidad binaria la que hace que sus ordenadores se queden obsoletos a una velocidad vertiginosa y que su S.O. suba de precio de una manera salvaje en los últimos 3 años pese a tener una calidad claramente decadente. Es esa la causa de que cada vez sean más comunes las pantallas azules de error y las continuas peleas con unos programas de instalación tan inteligentes que parece que se nieguen a trabajar por motivos eminentemente filosóficos.

Realmente la compatibilidad binaria no es más que una consecuencia de una de las peores necesidades del software propietario, la distribución en forma binaria. Es esta una necesidad para unas empresas cuyo único capital permanente es el que se deriva de la propiedad intelectual de sus programas y que, por lo tanto, no permiten la distribución de unas fuentes que revelarían supuestos tesoros de programación de alta calidad, o de código claramente defectuoso que haría enrojecer al más principiante estudiante de informática.

Sea cual sea la razón, el hecho de distribuir el software ya compilado obliga a las empresas a asegurar una compatibilidad absoluta sin la más mínima intervención del usuario. Y ese mismo hecho está enlentecimiento y encareciendo el ciclo de producción del software de manera alarmante de tal modo que el único modo de ser rentable es siendo un monopolio y marcar las reglas, unas reglas que, apoyadas en la compatibilidad binaria exigida a sus competidores, hacen imposible cualquier competencia.

Para intentar solucionar estos problemas se vio un gran futuro a una plataforma de aplicaciones que surgió hace pocos años y que aseguraba una compatibilidad absoluta unido a la distribución binaria, esa panacea era Java. El lenguaje de Sun Microsystems que mediante una capa intermedia interpretada pero también binaria (el bytecode) prometía la compatibilidad sobre cualquier máquina y la inviolabilidad de las virtudes y vergüenzas del código. Durante bastante tiempo se vio a Java como una alternativa a los S.O. convencionales, en particular a Windows.

Pero ese tiempo ya pasó, gracias a las maniobras de Microsoft y a la capacidad innata que ha demostrado Sun para evitar que Java fuese una alternativa real más allá del mundo de los navegadores de Internet (ahora poco beneficioso, salvo como plataforma de implantación de técnicas monopolísticas) donde la independencia de la máquina es vital, o del maravilloso mundo de los electrodomésticos inteligentes que creíamos exclusivo de las películas de la Disney.

Pero sobre todo Java murió por que gran parte del apoyo inicial surgió de plataformas como Linux que aspiraban a aumentar sus exiguo número de aplicaciones profesionales por la vía más rápida, y ahora ese mundo tiene nueva fuerza y un paradigma (ciertamente viejo) que está cambiando la informática actual, es este el de la distribución de programas en sus fuentes compilables.

Debido a que este paradigma está esencialmente restringido al software libre debido a su propia naturaleza, hace que sus ventajas no se puedan aplicar al resto de los programas comerciales. Estas ventajas son sobre todo una gran independencia de la máquina sobre la que se va a ejecutar (tan solo es necesario un compilador adecuado); y otra la facilidad de adaptar el software a arquitecturas nuevas por cualquier usuario que tenga la suficiente habilidad, y que tan solo se tiene que realizar una vez puesto que la distribución de la nueva versión es universal.

Todas estás cualidades hacen que el software libre tenga un ciclo de desarrollo menor que cualquier otro, una compatibilidad prácticamente universal y una perspectiva de explotación prácticamente ilimitada con un coste ínfimo. Después de esto tan solo podemos recordar al famoso (al menos en España) señor Luque, que en un anuncio de televisión nos animaba con su "Busque, compare, y si encuentra algo mejor: ¡Cómprelo!", aunque mucho me temo que su búsqueda será infructuosa.

* * *

Por otro lado he de pedir perdón a nuestros lectores por no haber podido actualizar esta sección en las últimas semanas, pues compromisos ineludibles me han hurtado el tiempo necesario para realizar esta columna.

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