Una noticia que ha pasado desapercibida en el último par de meses es el cambio de la licencia de distribución de todo el software procedente de la Universidad de Berkeley, que está regido por una licencia que se denomina vulgarmente BSD (Berkeley Software Distribution). Este cambio elimina la obligación de anunciar la procedencia del mismo en el caso utilizar o modificar parte del software afectado por esa licencia.
Del mismo modo ha vuelto a la actualidad la licencia GPL (de la Fundación del Software Libre) debido a dos noticias. La mala fue la tentativa de violación de la misma por parte de Corel en la distribución la primera beta de Corel Linux. Este hecho provocó un sentimiento de rechazo hacia la propia empresa, que se vio obligada a responder que las restricciones en su distribución afectaban tan solo al software desarrollado por ellos y tan solo temporalmente, tras la depuración la publicación de los mismos se regiría por la propia GPL. La buena noticia fue el anuncio de la publicación del código fuente del popular juego DOOM bajo la misma licencia.
No voy explicar en este artículo detalladamente las diferencias entre ambas licencias, tan solo me voy a centrar en un punto que tiene la GPL y que no comparte la licencia ni la comunidad BSD. Es el conocido "virus de la GPL", es decir, la obligación de que todo programa derivado de un software GPL debe estar así mismo bajo la GPL. Esta obligación no existe en la licencia BSD y por lo tanto muchos programa propietarios contienen código BSD que se paga con un mero párrafo en la documentación del mismo.
Este punto esencial ha dado una fama de idealismo al software GPL ("libre ahora y siempre") frente a un pragmatismo del mundo BSD, además de una cierta acusación al mundo Linux de una gran endogamia y rechazo del mundo real, donde los buenos programadores cobran un buen dinero por hacer buen software.
Esta "debilidad" en la licencia BSD ha sido aprovechada históricamente por empresas de software propietario permitiéndoles tener una base de código a partir de la cual acelerar su ciclo de desarrollo de software, todo ello sin devolver nada a la comunidad de lo que han desarrollado a partir de algo que no era moralmente suyo. Entre los miembros de este club se encuentra Sun (con su SunOS y Solaris), Microsoft (con la pila del protocolo TCP/IP), Cisco (con su IOS), CheckPoint, Apple y muchos otros más que cobran buenos márgenes en sus productos basados en software BSD.
Esto no ha pasado con el software GPL, de hecho el resultado ha sido, en casos marginales, contrario. Richard Stallman cuenta con orgullo que la necesidad de la librería GNU Readline ha obligado a varias casas comerciales a publicar su software bajo la propia licencia de la FSF.
Pero el mayor éxito, y el que habrá justificado toda la historia de la GPL, llegará con el Merced (el nuevo procesador de Intel ahora bautizado como Itanium). En efecto gracias a la actual fama de Linux y a su naturaleza abierta éste ha sido el primer sistema operativo que ha funcionado sobre los primeros prototipos en silicio del mismo, el tema es complicado ya que ahora mismo esa versión de Linux no puede ser distribuida porque los que la han desarrollado (IBM, Cygnus y otros) han firmado acuerdos de "no-distribución" con Intel hasta el momento de venta del procesador. La idea de los mismos es ofrecer a Linus Torvalds el código una vez terminado para que lo una a la distribución oficial y pase a mantenerlo el equipo internacional de desarrolla Linux, acepte o no acepte ese código será libre, bajo la GPL y accesible a todo el mundo.
Este mismo caso, suponiendo que FreeBSD (o cualquier otra distribución libre del Unix BSD) fuese el sistema operativo de moda en estos momentos, provocaría serias dudas en la licencia de distribución de su teórica versión para Merced y por lo tanto pondría un gran símbolo de interrogación sobre todo el software libre, aunque todos sabemos que sería temporal, pero el retardo de seis meses un año que provocaría en la aparición de una versión Merced y libre de BSD sería muy perjudicial. Está claro que el software BSD es muy débil a los ataques de las empresas de software propietario mediante el sistema "asumir y extender" muy conocido en esta década.
Esto explica que en realidad la licencia GPL sea esencialmente práctica, es una licencia que se ha planteado como un arma de defensa, la única defensa posible contra el software propietario que limita nuestra libertad. El verdadero idealismo (casi cándido) es el que se produce dentro del mundo BSD, un candidismo que les ha llevado a ser invadidos por múltiples parásitos que van absorbiendo la vida del código en el que se enquista hasta terminar matando su alma.
Evidentemente yo ya he tomado posición por la licencia GPL (¿Se ha notado mucho?) a causa de su carácter beligerante y, en cierto modo, reaccionario. Hace poco tome mi primera decisión sobre qué licencia usar para un programa propio (estoy hablando del software que hace posible esta revista, Prensa Libre) y sentí ciertas tentaciones de dejarme es puerta abierta, de usar una licencia BSD y darme la opción de aumentarlo e intentar vender una versión "profesional", pero las vencí, espero que tú también lo puedas hacer cuanto tengas que tomar esa decisión.