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Creación y Ensayo

La piratería es delito.

El arma definitiva contra la piratería se llama software libre

Aunque pueda parece un poco fuera de contexto, el tema de este artículo es muy apropiado para la temática general de esta columna dedicada al software libre ya que el único modo de acceder al software a un precio asequible (alguien diría razonable) para el gran público era el, por supuesto delictivo, método de copiar software original e, incluso, modificarlo (sin haber tenido acceso a las fuentes) para que el proceso de copia fuese más sencillo. Por lo tanto la discusión del tema es pertinente debido a su influjo sobre la aparición del software libre.

Como primer punto a tener en cuenta es importante dividir los dos frentes históricos surgidos en la "guerra" antipiratería. Por un lado están los clientes empresariales, grandes consumidores de licencias legales y expuestos constantemente a una inspección sorpresa y con una imposibilidad manifiesta de ocultar actividades "piratas", tanto más cuanto más software consumen. Por otro lado está el usuario de a pie, ese Juan Pecé que ha comprado su flamante (y en pocas semanas obsoleto) equipo informático y que no ve demasiado lógico incrementar su dispendio en un 50% o un 100% para comprar algo etéreo cuyo soporte físico apenas supera el precio de un bocadillo. En medio están los típicos personajes avispados que se mueven en el oscuro mundo de la frontera, que empiezan copiando CDs a los amigos y se sorprenden unos meses más tarde al ver entrar la policía en su hogar, en ese momento miran a su alrededor y ven cientos de sobres con software por enviar y catálogos de envíos al extranjero y se preguntan en qué momento cruzaron el límite.

Para las empresas la opción de la piratería no existe, son unas estructuras demasiado grandes para pasar desapercibidas y ningún argumento para resistir una inspección, son carne fresca para la B.S.A. y paganos del pan de cada día de los empaquetadores (más que de los programadores) de software propietario, auténticos genios de la piratería legal. Y cuando el mercado es monopolístico el abuso es tan generalizado como inmoral, pero no por ello menos legal.

Pero la piratería en el ámbito personal es imperseguible y las grandes casas de software han demostrado históricamente que harán todo lo posible por fomentarla, tanto regalando versiones "a prueba" (con una caducidad etérea) como utilizando números de serie con una complejidad semejante a la de la mente de un fanático del fútbol. De hecho los piratas son un arma (eso sí, involuntarios) del software propietario para asegurar una presencia en el mercado que, de otra manera, sería imposible. Si yo fuese un chico de 14 años y alguien me pasase una parte del trabajo de ciencias que estamos haciendo en un formato de fichero, para el cual necesito unas sesenta mil pesetas (con una renovación más o menos cada dos años) en software, debería decirle: "¿Te crees que soy rico?" Pero gracias a la piratería todos tenemos ese programa (sí, ése) a un precio asequible y si no, se lo pedimos, no nos planteamos de ningún modo que alguien pueda pagar ese precio. Gracias a la piratería, ingentes cantidades de programas de mala calidad y alto precio se instauran como estándares y obligan a las empresas (bajo el yugo del monopolio) a pagar cualquier precio sin ninguna opción.

Pero hay que proseguir con la pantomima, no se puede permitir la piratería personal impunemente, hay que hacer algo. Y ahí tenemos ese personaje avispado, gris y antisocial que cobra poco más del coste por copiar CDs para costearse unas cervezas. Estos cabezas de turco perfectos van de vez en cuando a la cárcel para demostrar que el software tiene un precio, un precio que hay que pagar. A no ser que sean navegadores Web, o clientes de correo, o software en decadencia ... ¿es dumping? ¿o es que esa no es su fuente principal de beneficios?

Tan solo Internet ha podido poner coto a esa máquina bien engrasada, y esa pequeña piedra que está destrozando ese perfecto mecanismo poco a poco es el software libre. La gente se está empezando a dejar de preguntar "¿Cómo es posible que regalen algo que merezca la pena?" para decirse con resignación "¿Qué hacía yo pagando por algo que ya está hecho?"

Por eso reto desde aquí a las empresas de software y a su brazo armado a que hagan inspecciones en los hogares (pueden empezar por el mío), a que desarrollen métodos de protección infalibles, a que hagan inventario de software desde el ICQ e incluso a que hagan desinstalaciones remotas desde el navegador Web si realmente piensan que lo que venden vale lo que cuesta. El día que la piratería deje de existir no será por que hayan tenido éxito, sino porque todo el software será libre y tendrán que buscarse otro empleo, como el soporte o la consultoría. Ese día se preguntarán "¿Qué coño hacía yo vendiendo cajitas y manteniendo al día el puñetero stock? ¡Lo rentable es cobrar por hablar!"

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