El pasado no existe, el futuro tampoco.
Los recuerdos son heridas en el tejido de la consciencia
y cuando la consciencia se deshace, sólo queda el alma.
Entonces el alma descubre el hombre, solo.
Casi desnudo, con un traje de recuerdos que no existen,
y en su imagen el hombre ve el destino, su destino.
También ve su pasado, en ligeros retazos deshilados;
e intenta reconstruirlo como un sastre del tiempo.
Pieza a pieza, despacio. Su vida pierde sentido.
Furioso, el tiempo resopla, y ahora está desnudo.
Cuando no queda nada mira el futuro, una niebla,
oye el rumor del tiempo, que le empuja al vacío.
Al avanzar, el pasado desaparece, el futuro cobra sentido,
y descubre que en este viaje no hay paradas, que la vida es el tiempo,
y el tiempo son sólo estados del presente.